Hoy hemos celebrado la vida laboral de Rafa y Toño, por lo cual hemos ido a Carrizo y Astorga, recordando los momentos de alegría de muchos años.
Llovía, porque yo creo que el planeta se limpia con este agua que azota a intervalos. Tiene todo el cielo apretado de nubes como un buen abrigo de varias capas, que a ratos ventea y deja en la lejanía del horizonte resquicios de cielos iluminados.
Frente al monasterio de las monjas de Carrizo nos hicimos las primeras fotos, entre los brillos del agua sobre los árboles y los reflejos de la que pasaba por la acequia a nuestros pies. Rafa posó al lado de la antigua oficina.
El Teleno se adivinaba tras una cortina de caída de agua, que se balanceaba en entradas de luz, pero no nos quedamos a observarla, porque sentíamos un aire frío sobre la terraza del alto de la muralla de Astorga, mientras fotografiamos a Toño junto a su antigua pensión.
Comimos el tradicional cocido maragato, trayendo a la memoria otras degustaciones y celebraciones, otros encuentros con amigos y familiares en esta vetusta ciudad. La tertulia acercaba situaciones de trabajo y familia, de fiesta y tradiciones, de tiempos pasados y deseos futuros de pequeñas cosas, que forman nuestro ser.
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